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H2O una biografía del agua

POR Christian Rincón • 03 septiembre 2025

3 minutos

Autor: Christian Rincón | 476 págs. | Turner | 1999

En cada principio, siempre el agua y la pregunta por la forma en la que está organizada la vida. Así Ball recorre desde las comprensiones químicas y físicas del agua hasta las narrativas religiosas y culturales que se han aproximado a este líquido desde diversas tradiciones. En este libro descubrimos no sólo la composición narrativa y biológica del agua, sus particularidades en el espacio (cada espacio) y su responsabilidad en la transformación del planeta y de las especies, sino también las implicaciones históricas y políticas de los elementos.

El libro abre con una pequeña introducción en la que nos recuerda cómo el oxígeno y el hidrógeno componen una molécula que se encuentra en la Tierra, simultáneamente, en los tres estados: sólido, líquido y gaseoso. A partir de este dato, comienza a desplegar toda una genealogía del agua, en la que primero, siendo vapor, formó parte de la atmósfera junto al anhídrido carbónico y al nitrógeno, y como luego, durante el periodo de enfriamiento y  formación del planeta, la temperatura bajó lo suficiente como para que el vapor de agua se condensara y un enorme océano se desplomara del cielo, creando así la superficie acuática que conocemos.

Es importante destacar que la propuesta de Ball no es solo de divulgación científica, sino que va trenzando los discursos culturales que se han elaborado alrededor del agua con las narrativas biológicas, y va demostrando cómo ambas posiciones se van complejizando mutuamente. Por ejemplo, en el capítulo tres, sobre las reservas de granizo, comienza con un epígrafe del poeta W. B. Yeats: vi de repente el cielo tan frío y deliciosamente moteado/ que parecía que el hielo ardía, pero sólo era más hielo. Y comienza diciendo que no toda el agua del planeta fluye. Las nubes son estructuras de agua y vapor que tienen “una vida tan corta como la de un insecto” (88). En ese mismo capítulo, y para ilustrar esta conversación discursiva que atraviesa todo el libro, el autor nos cuenta que en China se atribuía al agua, tal y como cae del cielo, una tendencia de movimiento “hacia abajo”, en contraste con el movimiento “hacia arriba” del fuego. “El agua es aquello que se infiltra y desciende” cita Ball de Tung Chung-Shu.

Por lo demás, H2O una biografía del agua va recorriendo distintos momentos del agua en la trama cultural y biológica y las formas en las que estas se van implicando para dar cuenta del fenómeno global y las problemáticas contemporáneas. Trata las reservas de agua, el funcionamiento interno de las células, el agua como recurso, y lo que se deriva de ello: organización y disputa del espacio, las guerras del agua, un sinfín de ángulos. Capítulo tras capítulo comenzamos a entender la arquitectura social y química del agua, las alianzas que ha establecido a través de la historia y sus posibilidades en el mundo actual, sus desafíos y problemas, que a fin de cuentas, son nuestros desafíos y nuestros problemas.

Christian Rincón
Libro al viento

Literatura y autopoiesis (Reflexiones desde el Club de lectura agrolecturas y biochismes)

POR Iván Felipe Murcia • 03 septiembre 2025

5 MINUTOS

Tiempos de aislamiento, tiempos de esforzarnos por encontrarnos, vincularnos de múltiples formas y sentir al otro. A su vez, estos son tiempos en los que, la literatura, como la vida misma, busca y encuentra formas para propagarse.

Agrolecturas y BioChismes es el nombre del club de lectura virtual que tiene como fundamento compartir el aislamiento, esto desde el tejido de conversaciones intensas e intimas sobre los saberes huerteros. Allí compartimos con quienes, día a día, valoran el acto de crecer las palabras sobre las plantas, la tierra, el abono, el agua, así como los esfuerzos encontrados en la agricultura urbana y periurbana. No es sencillo hallar el tiempo y espacio para tener la tranquilidad de construir colectivamente escenarios variopintos que rompan el asfalto homogenizaste, pero los azares de las pausas del mundo han proliferado nuevos colores huerteros. 

El color y la vida a veces son perseguidos, señalados e incomprendidos. Las huertas son un tejido de puntos, plantas y palabras que se entrelazan en preguntas que la literatura teje, se hacen nudos fuertes con múltiples historias, poemas, crónicas y cuentos. Las agrolecturas y los biochismes se centran en la naturaleza, nuestra y del todo, uno de los temas más recurrentes: conjuntar la literatura y la agricultura urbana con los pies en los territorios y la mirada en la luna, calendarios alternos que marcan los tiempos de la siembra a la cosecha.

Agrolecturas porque el club ocurre a partir de una relación dinámica con la lectura de textos de la colección Libro al Viento, y también con la lectura de las múltiples formas de reproducción de la vida que propicia la agricultura urbana y periurbana en la ciudad de Bogotá, fortaleciendo la conciencia sobre la organización circular de lo vivo y la vida común.

Biochismes es una categoría que acogemos del colectivo Ambiente Tabanoy, proceso social de San Cristóbal, donde la gente del barrio es convocada a conversar del chisme como tradición oral y donde ese mismo chisme es comprendido como la forma de reproducción y reconocimiento de saberes del otro en espacios no formales. Del chisme a las historias, de esas que se cuentan junto al fogón, donde se invita al tejido común desde lo íntimo, reflexionando lo privado y socializándolo en espacios colectivos. Se trata de que los chismes sobre la vida, sobre la agricultura y los saberes huerteros fluyan y vuelen al igual que los libros. Son entonces múltiples formas de conocer y conocernos en la escritura y en la lectura de los ecosistemas que se cuidan, para reflexionar sobre las diversas realidades y nuestras maneras de habitarlas.

La auto construcción de sí mismo y del otro en colectivo con la literatura nos recuerda que somos seres vivos, sistemas dinámicos y a su vez sujetos lingüísticos, atados a la cultura y al contexto o, en términos biológicos, somos seres autopoiéticos. La autopoiesis es un concepto de los pensadores chilenos Humberto Maturana y Francisco Varela, quienes en la década de los setenta crearon un nuevo paradigma en las ciencias para comprender la forma de auto producción y creación de los organismos vivos. En su libro De máquinas y seres vivos (1971), Maturana y Varela hablan de tres propiedades que tienen los sistemas autopoiéticos para continuar su reproducción. Estás son: 1) borde semipermeable constituido por componentes moleculares que permiten discriminar entre el interior y el exterior del sistema; 2) interdependencia de una red de reacciones que es regenerada por las condiciones producidas por la existencia de ella misma; y 3) no existe una intervención causal del entorno en el sistema sin que el mismo sistema lo provoque.

El acto de sembrar y de leer es también un acto autopoiético. En la teoría de Maturana y Varela, “todos nos estamos creando en todo lo que hacemos”, y esto aplica si estamos leyendo un libro o en la siembra de otras formas de vida, lo que me hace pensar en el poema “He construido un jardín” de Diana Bellessi: 

He construido un jardín como quien hace los gestos correctos en el lugar errado. Errado, no de error, sino de lugar otro, como hablar con el reflejo del espejo y no con quien se mira en él. He construido un jardín para dialogar ahí, codo a codo en la belleza, con la siempre muda pero activa muerte trabajando en el corazón.

Iván Felipe Murcia
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El río. Exploraciones y descubrimientos en la selva amazónica

POR Andrés Castaño • 21 abril 2025

Autor: Wade Davis | 648 págs. | Fondo de Cultura Económica y El Áncora Editores | 2015

La psicodelia, la nueva era, las plantas sagradas, la expansión de la conciencia, el LSD y sus geometrías vivaces que cambiaron el mundo, tienen que ver tanto o más con el trabajo del etnobotánico Richard Evans Schultes que con el rock and roll. El profesor Schultes viajó en los años cuarenta del siglo XX por la selva amazónica y estudió los pueblos indígenas, sus costumbres y rituales a partir de las plantas, los ríos que surcaban a estos pueblos y la flora que los dotaba de una sabiduría única sobre la naturaleza. En ese primer viaje, Schultes no solo se adentra en los secretos de las comunidades que lo reciben con afecto y confianza, sino que también describe una Colombia particular, tanto urbana como rural, en la que su trabajo es visto con curiosidad y también con falta de entendimiento. Parte de lo que el mundo moderno conoce de las plantas medicinales empieza en ese inmenso viaje de Schultes. Mientras el mundo apretaba los puños en una segunda guerra mundial, Schultes exploraba desde México hacia el sur el peyote, el ololiuqui, los hongos, la ayahuasca y la coca. Sus investigaciones fueron el fundamento y la motivación de lo que sería más adelante, en los años 60, la era psicodélica, y un apoyo probatorio y conceptual invaluable al trabajo de personajes como Timothy Leary y Albert Hoffman. En este libro está contada en clave de crónica etnocientífica la historia del LSD, una sustancia que cambió para siempre la percepción de la mente y la realidad. Como se ve en el libro, esto fue resultado de casualidades, de científicos desesperados y del trabajo inicial de Schultes y su tenacidad para catalogar y analizar las muestras que recogía.

Justo en la década siguiente, en los años 70, Schultes envía a Colombia a dos de sus mejores alumnos, Tim Plowman y Wade Davis. Ellos van en una misión etnobotánica fascinante en la que acaban probando sustancias, toman muestras y conocen a los pueblos que encuentran en el camino y en el río. En ese viaje, Tim Plowman recolecta la mayor cantidad de muestras de la mata de coca, a la cual los indígenas llaman la hoja divina de la inmortalidad. Los dos compañeros hacen un recorrido profundo que revela un continente lleno de voces y rituales, de gentes y sabidurías ocultas en la profundidad de la selva. Este libro narra toda esa aventura guiado por la prodigiosa memoria de Wade Davis, quien no solo describe con precisión el nombre de las plantas y sus componentes, los lugares y sus gentes, los animales que van por el agua, la tierra y el aire, sino que también trae al presente los viajes de su maestro Schultes por todo el continente y su legado científico, que está ligado a la vida de muchas comunidades. Un libro que es muchos libros al mismo tiempo, porque narra como una novela de viaje las hazañas de tres científicos en las selvas, montañas y desiertos de América Latina en dos momentos diferentes del siglo XX, con un lenguaje de ciencia preciso; también, porque es una crónica clara y cercana de los pueblos indígenas andinos, mexicanos y norteamericanos y sus poderosos rituales; finalmente, porque es un diario íntimo de la vida de Wade Davis y su corazón atado a Colombia, al río y su mundo, al Hotel Rojo, al néctar del jaguar, a su compañero de viaje y a Pogo, el perro que los acompaña durante casi toda la travesía. Una lectura imperdible que siembra la potente magia de las plantas sagradas en el corazón del lector.

Andrés Castaño
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La memoria secreta de las hojas

POR Lisa Colorado • 21 abril 2025

3 minutos

Autor: Hope Jahren I 332 págs. | Paidós| 2016

Lab Girl, traducido al español como La memoria secreta de las hojas, es un libro de la norteamericana Hope Jahren (1969), bióloga, geoquímica y obstinada, también narradora, madre y amiga de raíces nórdicas, condición esencial presente en todo su relato y parte de los mecanismos culturales que enmarcan su reporte de sí misma. La portada de la edición en español promete una historia de árboles, amor y ciencia, lo que no le hace justicia a la amalgama de conversaciones que la autora teje a medida que avanza en su relato y en su vida.

El libro compromete una mirada femenina sobre los árboles desde su historia, su inmensidad y sus procesos; de amor a la ciencia, a la vida, a Bill, su asistente de investigación no académico, a las complicidades, a la pareja, a la maternidad y al acto desquiciado de montar y desmontar la vida como un objeto preciado que se lleva a distintos lugares. Un relato de pasión por la ciencia, la disciplina que significa y lo que implica ejercerla.

La autora nos presenta su vida como científica y nos retrata un medio predominantemente masculino. Nos habla de su funcionamiento, de las dinámicas de financiación, de los retos que supone y de la manera en que ella asume esos retos eclécticos y apenas imaginables. Su relato no se reduce a un tratado sobre la naturaleza o los sistemas ecológicos que cohabitan los árboles; no va de cuestiones enmarañadas o inaccesibles. Habla de su gusto por la literatura y va describiendo la vida, desde el lugar de quien lee en clave literaria.

Todo esto ocurre en tres partes: raíces y hojas, madera y nudos, flores y frutos. Es un texto que interpela de manera directa nuestra visión sobre la naturaleza, sin romantizarla ni plantear escenas distópicas. Además, nos permite acceder a dos ideas importantes: una, que no podemos proyectar lo que somos en los árboles. El impulso humano de comprender alguna cosa suele traducirse en términos de similitudes y comparaciones con nuestros rasgos, y esa forma de abordaje, aunque es práctica, resulta ineficiente y reduccionista. Renunciar a ese intento de identificación tal vez transforme nuestra mirada de la naturaleza.

La segunda idea: hemos limitado la existencia de la especia sapiens a la satisfacción de necesidades relacionadas con el alimento, la medicina y el aprovechamiento de materia prima (la madera, por ejemplo). Esta existencia, reducida y voraz al mismo tiempo, ha devastado nuestros ecosistemas.

Cito a Jahren en una conferencia sobre su libro en Barcelona: “esta obra trata de convencerte de que, saber algo de ciencia, pueda ayudarte a apreciar la literatura”.

Lisa Colorado
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Pero, ¿dónde está Ornicar?

POR Andrés Castaño • 21 abril 2025

24 minutos

Autor: Gérald Stehr y Willi Glasauer | 32 págs. | Ediciones Tecolote | 2001

Esta historia maravillosa fue escrita por el pintor y escritor Gérald Stehr, nacido en París en 1949, autor de múltiples guiones y obras de teatro. Las ilustraciones son de Willi Glasauer, nacido en Stribro, Bohemia, en 1938. Glasauer estudió en la Escuela Superior de Bellas Artes de Maguncia y luego se trasladó a Francia para trabajar como ilustrador.

Producto de la creación conjunta de estos dos artistas nace esta historia que cuenta el día de regreso a clases y la dificultad de la maestra de la escuela de animales cuando decide organizar a sus estudiantes de acuerdo con sus características físicas. Ornicar, un pequeño ornitorrinco que es nuevo en la clase, parece no encajar del todo en ninguno de los grupos.

La maestra descubre entonces nuevas formas de integrar a sus estudiantes según las habilidades que todos y cada uno poseen. El arte, los deportes y la música se convierten en oportunidades para que los alumnos participen y aporten desde sus peculiaridades.

De la mano de imágenes realistas y detalladas de los animales podemos encontrar en la historia una clasificación simplificada de los seres vivos. Las diversas características del ornitorrinco se convierten en el motivo para indagar acerca de la clasificación de los animales. Mamíferos que toman leche, reptiles que nacen de huevos, el pico de las aves y otras características son un aprendizaje que los más pequeños pueden adquirir de forma divertida con esta narración.

El libro ofrece también reflexiones profundas: es perfecto para comprender cómo todos nosotros desde nuestros conocimientos y habilidades podemos aportar a nuestro entorno. Es una hermosa invitación a la reflexión en los distintos contextos donde nos podemos encontrar personas con capacidades diversas. Las diferencias no se convierten ya en un punto de división, por el contrario, son una oportunidad para relacionarnos y acercarnos, para aprender y contribuir al otro desde las particularidades que cada uno posee.

Se trata, así, de un libro que recomiendo para maestras de educación inicial en clases de ciencias y biología que quieran hacer con sus pequeños científicos un acercamiento a la clasificación simplificada de los animales y al valor de la biodiversidad. También lo recomiendo para leer en familia y reflexionar acerca de las diferencias que podemos encontrar en nuestros distintos contextos. Esta historia nos permite a todos los miembros de la familia, sin distinción de edad, hacer paralelos con nuestros entornos cotidianos (escuela, trabajo, familia, amigos) y reflexionar cómo en ellos podemos encontrar personas con habilidades diversas que enriquecen el compartir del día a día.

Andrés Castaño

Reseñas

RESEÑAS

El librero recomienda

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El oso que no lo era

POR Ángela María Rodríguez • 21 abril 2025

3 MINUTOS

Autor: Frank Tashlin | 64 págs. | Alfaguara Infantil| 1946

El oso que no lo era fue escrito e ilustrado por Frank Tashlin, también animador y director de cine. Frank nació en 1913 en Weehawken, Nueva Jersey. Desde joven mostró un talento natural para el dibujo, lo que lo llevó a abandonar la escuela a temprana edad para dedicarse a trabajar. Escribió e ilustró tres libros: El oso que no lo era (1946), La zarigüeya que no lo hizo (1950) y El mundo que no es (1951), en los cuales mezcla elementos de humor con temas sociales y en defensa de los menos privilegiados.

El oso que no lo era es el más reconocido de sus tres libros. En él narra cómo, al percatarse de que el invierno ha llegado, el oso busca una cueva cómoda y calientita para hibernar hasta el regreso de la primavera. Sin embargo, al salir de la cueva, descubre que su bosque ha sido reemplazado por una enorme fábrica. Allí encuentra hombres que lo acusan de ser un hombre tonto, sin afeitar, con un abrigo de pieles y, ¡aún peor!, un hombre sin trabajar. Es entonces cuando empieza la lucha por mostrarle al oso que no lo es, y que es tan solo “un hombre tonto, sin afeitar y con un abrigo de pieles”.

La historia continúa y es triste ver cómo, sin más alternativas, el oso debe incorporarse a la fábrica como un trabajador más. Su vida cambia por completo a raíz de que ha perdido su hogar; en la trastienda, leemos esa degradación del bosque, hogar del oso, como una degradación también del propio hombre trabajador.

En nuestra historia, los osos han perdido su hábitat, aquel lugar donde pueden correr libres, dormir al aire libre, ver pasar las aves y sencillamente ser osos. Pero ahora, en una ciudad sin bosque, se convierten en animales de zoológico y circo, pierden su libertad y todavía peor, el oso de nuestra historia debe trabajar en la fábrica que le ha quitado su hogar.

Los más pequeños son sensibles a la naturaleza, no han atrofiado aún el cariño innato por los animales, por el misterio que significa descubrir la inmensidad de un hábitat tan pequeño como el patio de la escuela o el jardín de casa. Esta historia acompaña ese cariño y esa curiosidad al tiempo que hace una invitación a reflexionar acerca de cómo, con nuestras acciones, podemos impactar el habitad de otros seres vivos.

También, teniendo en cuenta que el libro habla de la presión de los líderes sobre el oso, esta historia es perfecta para reflexionar junto a adolescentes, quienes se encuentran en un momento crucial para el desarrollo del pensamiento crítico y cada vez están más expuestos a presiones sociales que intentan estandarizarlos.

Si bien este libro fue escrito en 1946, se adapta perfectamente a nuestra sociedad actual, donde aun cuando somos conscientes del daño que nuestras acciones diarias generan en la naturaleza, seguimos sin plantearnos nuevas posibilidades que disminuyan nuestro impacto medioambiental. Las nuevas generaciones, caracterizadas por su sensibilidad y apertura hacia la naturaleza, representan una oportunidad para el cambio, e historias como estas son perfectas para que padres y educadores fomentemos esa sensibilidad de forma creativa y divertida.

Ángela María Rodríguez
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Antes del primer día

POR Jessica Fuentes • 21 abril 2025

3 MINUTOS

Autor: Juan Palomino | 32 págs. | SM Ediciones | 2017

Abrimos el libro y nos encontramos una doble página que representa el infinito, pequeños destellos que son estrellas. Es una invitación a entrar en el suspenso del amanecer, de la nada, el vacío, la inmovilidad. Antes del primer día nos lleva a cuatro puntos culmen de la narración donde se aclaran los destinos de los personaje.

Primero nos encontramos ante Tepeu, Gucumatz y Corazón del cielo, quienes se presentan como los creadores del mundo: “que se llene el vacío, que esta agua se retire, que surja la tierra”. Con estas palabras crecen las montañas y la tierra, los bosques y las selvas, pero en ellos nace el silencio, así que los dioses deciden crear a los animales. Estos, al no poder nombrar a los dioses para agradecerles, pues sus palabras no tenían forma, son condenados a ser comida unos de otros. Luego los dioses crean otros seres de barro y tierra, sin fuerza ni movimiento, con la vista y el pensamiento velados, así que deciden deshacer su obra. En un tercer intento, los dioses labran la madera y crean seres buenos, que hablan y se multiplican. Pero estos no tenían corazón, ni la memoria de sus creadores, eran rostros de máscaras y usaban sus manos para caminar. Los dioses acaban con ellos y quedan los monos, sus descendientes ahora.

Ya cerca de la madrugada, los animales que traen el alimento mostraron el maíz amarillo y blanco. Los dioses molieron las mazorcas y con la masa crearon cuatro hombres. “Maíz fue lo que entró en la carne del hombre. Esa fue su sangre”. Estos reconocieron y agradecieron a sus padres y los dioses se preguntaron si serán dioses como ellos. Corazón del cielo echa “vaho sobre sus ojos que como espejos son empañados para siempre”, solo podrían ver lo que había donde ellos estaban, “solo fue clara la superficie de las cosas para ellos. Y para nosotros que somos hombres de maíz”, y así los dioses echaron a andar el tiempo.

Este relato, basado en el mito maya sobre la creación del mundo escrito en el libro Popol Vuh y reescrito e ilustrado por Juan Palomino, fue ganador del Premio internacional de ilustración Feria de Bolonia Fundación SM 2016. Juan nos obsequia ilustraciones creadas a partir de manchas de color y con personajes alargados. Nos entrega una paleta de color terrosa que contrasta con azules y verdes. Claro oscuros que fluyen, dan movimiento con formas orgánicas y texturas que enriquecen en detalle. Un libro lleno de imágenes sonoras que retumban en los oídos con sonidos de la naturaleza y con destellos luminosos que engrandecen el acto de la creación y acentúan también el acto vital dentro de la narración.

Este es un libro sobre el nacimiento y la vida, sobre la palabra como nacimiento y la detención del tiempo para la creación. Sobre los intentos, la desintegración, la vida animal y la limitación humana. Una narración que va más allá de la tradición y nos muestra una cosmogonía, un modo de ver, de concebir el mundo y sus ideas y nos suspende en un tiempo, nos sustrae en nuestro tiempo. Nos regala la oportunidad de pensar que la naturaleza estuvo antes que nosotros los humanos, de pensarnos como seres hechos del maíz. Luego cierra, nuevamente, en la oscuridad del infinito, para volver a comenzar.

Jessica Fuentes

Naturaleza

Editorial

Leer la naturaleza | Leer desde la naturaleza | Leernos en la naturaleza

POR Juan Álvarez

8 Minutos

Hay una idea que planea cada vez con más fuerza en los espacios de formación: la alfabetización tradicional ––aprender a leer y a escribir––, la alfabetización republicana (digamos), es insuficiente. Por eso se habla de la necesidad de empezar a formar a niñas y niños en lenguaje de programación ––los países desarrollados ya lo hacen––, […]

RESEÑAS

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CRÓNICA

Andares

POR Doris Suárez Guzmán

11 MINUTOS

Maricielo tiene la voz convencida y ronca como la de una cantante de tangos de cantina barrial. Su rostro tiene marcas de la vida y de los viajes, esas marcas que son exclusivas de caminantes y pioneros. Bien podría ser una artista de vodevil itinerante, y tal vez lo sea. Hoy en día está en Medellín por los azares de la pandemia, pero su hogar de paso ha sido Bogotá durante los últimos cuatro años. Bogotá y sus calles, Bogotá y sus historias, Bogotá y su Biblioteca Carlos E.

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Aros de tiempo cortados en dos

Dice: escribe sobre los incendios forestales del primer mundo. No sobre los incendios, sobre las imágenes de los incendios forestales del primer mundo. Por tu poética del fuego podrás tocar, leer.

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Aros de tiempo cortados en dos

POR Tania Ganitsky • 21 abril 2025

6 MINUTOS

Dice: escribe sobre los incendios forestales del primer mundo. No sobre los incendios, sobre las imágenes de los incendios forestales del primer mundo. Por tu poética del fuego podrás tocar, leer.

Hokusai, traducido no por idioma o trazo, sino por era y catástrofe ambiental.

Lo primero que necesito es encontrar la palabra fuego en las imágenes de los incendios forestales del primer mundo. No está en las llamas que se ven arder, devorar, destruir. Eso es i-n-c-e-n-d-i-o

En inglés el fuego es uno solo: fire, y para destacar su violencia huracanada los medios unen su nombre con aquello que destruye y lo propaga: WildfiresBushfires (incendios de/en lo salvaje; de/en los arbustos).  

La palabra fuego, en español, no es roja ni naranja ni es una palabra encendida. Eso es incendio

F-u-e-g-o designa  los bosques quemados  las urbanizaciones destruidas,  la ceniza, los desechos,  los restos, las especies en peligro de extinción. 

Fuego está atrapado en la foto de una secuoya de California, que en inglés se llama Redwood (madera roja). En el parque natural que estaba quemándose cuando la tomaron, algunos árboles tenían hasta 2000 años. 

Secuoya de California en el incendio Big Basin Redwoods State Park 2020

2000 años de vida para morir de repente, con el corazón en llamas, entre flashes de cámaras, chispas y ceniza. 

¿Qué se quema cuando arde el corazón de un árbol? En la imagen podemos ver el fuego partiéndolo en dos, separando su núcleo de tierra a copa. 

En el museo vikingo en Roskilde, vi el tronco abierto de un árbol milenario; una placa enseñaba a calcular su edad por la cantidad de aros café oscuro que contrastaban con el café más claro del resto de la madera en la superficie expuesta, y por el tamaño del espacio entre los aros. 

Cuando veo esta secuoya arder de adentro  hacia afuera,  imagino cada aro cortado  directamente  a la mitad — líneas  de tiempo  interrumpidas.  

Interrumpido el curso natural de una vida por el curso natural de la temperatura alta, seca, y del viento furioso. 

Pero no hay nada como el curso natural de nada.  La temperatura alta y seca no es natural,  el viento furioso no es natural. 

Los incendios salvajes y de arbustos no son naturales. 

Lo natural es el fuego: la ruina,  el desecho, el cadáver,  la descomposición,  la extinción y los sobrevivientes.

Canguro sobreviviente, incendios Australia 2019-2020

Por eso encuentro la palabra fuego en la imagen de un canguro entre escombros. Está parado sobre cenizas y restos chamuscados de animales, insectos y plantas, bajo el esqueleto de un árbol. La cola es casi tan larga como el cuerpo. Su soledad será más larga que la cola y el cuerpo juntos. 

Pienso en la soledad  de los animales que sobreviven, en su muerte lenta,  valiente y temerosa. 

Ausencia de alimento y de manada. 

Nubes grises, tierra gris,  agua gris. 

Contaminación, enfermedades,  deterioro, descomposición. 

Un artículo de enero 2020 declaraba que el estimado de animales muertos en los incendios forestales de Australia desde 2019 era de más de 1000 millones.

En ese estimado de animales muertos solo contaron mamíferos. Alguien escribió, alguien alcanzó a imaginar, que murieron más de 1000 millones de mamíferos en un año. 

Sin contar las aves,  los invertebrados,  los anfibios  los reptiles desaparecidos.           

En una película de Nicolas Roeg llamada Walkabout (1971), dos hermanos se pierden en las vastas áreas deshabitadas y áridas que conforman el interior de Australia. Durante gran parte de la peli solo aparecen ellos dos entre otras especies de animales extrañísimos; sobreviven con la ayuda de un aborigen con el que se encuentran y caminan hasta que se suicida. 

Cuando vi la fauna de la película, reptiles alucinantes de diferentes formas, colores y tamaños, imaginé que los dinosaurios no se habían extinguido, solo que se habían encogido por un proceso evolutivo anómalo y seguían vivos y reproduciéndose en esa zona. 

Artículos de mediados de 2020 anunciaban que el estimado de animales muertos en los incendios forestales de Australia desde 2019 era de aproximadamente tres billones: 

143millonesdemamíferos2.46billonesdereptiles180millonesdepájaros51millonesderanas

Sin contar  los dinosaurios  los primeros  en tocar  el fuego,  los primeros en arder     en el centro del corazón  de la secuoya.

Tania Ganitsky